Una nueva erupción del volcán del Fuego obliga a la evacuación de 5.000 personas en Guatemala

El coloso ha despertado por quinta vez en lo que va de 2018. Escuintla, la ciudad más afectada, está bajo alerta roja

Los habitantes de las comunidades guatemaltecas revivieron todo el horror sufrido en junio pasado cuando una erupción del Volcán de Fuego borró del mapa a una aldea entera dejando un saldo de 194 muertos. Este lunes casi 5.000 personas se han visto obligadas a evacuar ante el peligro de una nueva erupción del coloso cercano a la Ciudad de Guatemala. Hasta el momento, las autoridades no reportan víctimas mortales.

A las 09:00 (hora local), la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) ha reportado que cuatro comunidades han sido evacuadas en la provincia de Escuintla, dos en Chimaltenango y dos más en Sacatepéquez, lo que suma una cifra de 5.000 personas evacuadas. En Escuintla, la ciudad más afectada, la cancha del estadio de fútbol ha sido habilitada como refugio y la gramilla ha sido cubierta por tiendas de campaña. Desde lugares aledaños al cono se pueden contemplar columnas de humo, mientras una lluvia de ceniza volcánica castiga a los cultivos y tiñe de negro los techos de poblaciones cercanas.

“Toda las poblaciones ubicadas al pie del volcán deberían ser trasladadas por su peligrosidad”, ha dicho a EL PAÍS en conversación telefónica el obispo de Escuintla, Víctor Hugo Palma. Pese a la evidencia de esa necesidad, el obispo también comprende las dificultades de la operación. Además del aspecto económico –las tierras en Escuintla, el emporio agroindustrial del país, son las más caras de Guatemala–, señala el emotivo. El arraigo a la tierra es muy acentuado, según el clérigo.

El prelado señala otra de las grandes deficiencias del Estado guatemalteco. “Hacen falta campañas constantes de educación, para que todos tomemos conciencia del riesgo que representa vivir en un país considerado el cuarto más vulnerable del mundo”, concluye.

Tras más de 10 horas de erupción “muy fuerte”, el vulcanólogo Gustavo Chigna, señala que hay indicios de que el cono vuelve a la normalidad. “La actividad está decreciendo. Podemos ver cómo el cielo, oscurecido por la ceniza, empieza a despejarse”, aunque admite que la actividad podría reactivarse en cualquier momento. “Hay algunas aldeas ubicadas a cinco kilómetros del cráter, lo que las hace altamente vulnerables”. Ante ello recomienda a los vecinos observar con mucha atención las indicaciones de la Conred.

EL PAÍS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *