Jun 9, 2021 | 0 Comentarios

Caída de Tenochtitlan: por qué los tarascos se negaron a aliarse con los mexicas contra Hernán Cortés

La caída del imperio Mexica, cuyo centro se erigió en la ciudad de Tenochtitlan, a manos de las tropas comandadas por Hernán Cortés es una de las derrotas más relatadas en los libros de historia. Alrededor del suceso han surgido diversas posturas y juicios que, de manera maniquea, sitúan a otros pueblos mesoamericanos como traidores en dicho episodio. No obstante, es necesario considerar la enemistad que los tenochcas mantuvieron con otros asentamientos, rasgo que impidió una alianza que pudo haber frenado el avance español.

Mexicas y tarascos construyeron dos importantes centros hegemónicos durante el periodo Posclásico Tardío, es decir, entre 1200 y 1521 d.C., especialmente hacia el último cuarto del siglo XV. Por su parte, los segundos consolidaron su centro de poder político en la ciudad de Tzintzuntzan. Desde ahí, se extendieron y abarcaron todo el estado de Michoacán, así como fracciones de Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Querétaro y el Estado de México.

Con el poderío que comenzaron a consolidar desde el Siglo XIII, también gozaron de superioridad militar. De hecho, el historiador Carlos Salvador Paredes Martínez los catalogó como “guerreros desafiantes que también tenían enfrentamientos en el sur de Jalisco contra los chichimecas, y en la parte del Río Balsas”. Dicha incursión bélica provocó el disgusto de los tenochcas, pues vulneró su zona de influencia Jilotepec, en el Estado de México.

Desde entonces, el conflicto entre los dos asentamientos comenzó a crecer. Aunque en diversas ocasiones los mexicas intentaron invadir la zona dominada por los tarascos, “su organización y táctica militar fueron determinantes para impedir la invasión de la Triple Alianza en esta región”, sostiene Paredes Martínez.

De hecho, el desencuentro entre ambos grupos escaló en un par de ocasiones hasta los enfrentamientos bélicos. Las afrentas tuvieron lugar en la zona limítrofe de sus dominios, es decir, en el oriente de Michoacán. El lugar resultaba estratégico debido a que el corredor del Río Lerma lograba conectar con el Valle de Toluca y el norte de Michoacán, donde se situaban otros grupos culturales.

El primer gran combate fue en el año de 1477. En esa ocasión, los guerreros comandados por el Irecha (Rey) Tzitzipandácuare derrotaron a los enviados por el Huey Tlatoani Axayácatl, sucesor de Moctezuma I. Cuarenta años después la pelea revivió. En esa ocasión, Moctezuma II corrió con la misma suerte que su padre, pues sus hombres padecieron los embates de las tropas del Irecha Zangua.

Los conflictos fueron determinantes años después. Con la llegada de Hernán Cortés al territorio de Mesoamérica, en 1519, Moctezuma II previó el avance de los españoles. Ante ello, de acuerdo con el investigador Eduardo Matos, buscó retrasarlo enviando obsequios. Mientras tanto, sabedor del poderío bélico de sus rivales, envió una comitiva a Tzintzuntzan para pactar en contra de los nuevos rivales. No obstante, fue inútil.

Para el año 1520, los ibéricos ya habían establecido contacto con los tenochcas. No obstante, la amenaza permaneció latente. Por ello, una nueva comitiva partió en busca de ayuda. Esta ocasión, el artífice de la última victoria del ejército tarasco sobre el mexica ordenó la muerte de los mensajeros. Sin embargo, uno de ellos portaba el virus de la viruela, el cual contagió y se cobró la vida del Irecha Zangua, así como de miembros del sacerdocio y la nobleza.

Meses más tarde, ante las tensiones que se vivían en el corazón del Imperio mexica, una tercera comitiva solicitó la ayuda de los purépechas, pero no tuvieron resultados. De acuerdo con Paredes Martínez, la negativa a aliarse era una respuesta congruente a la rivalidad que mantuvieron históricamente. No obstante, años después también les afectó.

Con la caída de Tenochtitlan, los conquistadores fueron informados sobre las riquezas en poder de los tarascos. Así, por órdenes de Cortés, Cristóbal de Olid derrotó al último Irecha, Tangáxoan Tzíntzicha. Finalmente, en 1523, Antonio de Carvajal comenzó el sistema de encomienda en la zona.

Si bien la alianza entre ambos grupos pudo haber frenado las intenciones de conquista de Hernán Cortés, la enemistad determinada por la organización política y territorial de la época los orilló a la desaparición. A pesar de ello, sería equivocado juzgar el conflicto y la relación entre mexicas y tarascos desde la perspectiva maniquea velada por la concepción del estado-nación que se construyó posteriormente.

Fuente: INFOBAE

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